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Cursos de Masaje y Terapies alternativas para caballos
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Abril 23-24-25 y Mayo 29-30: Curso de Masaje para Caballos
Junio 26-27: Curso de Aromaterapia para Caballos
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Julio 24-25: Curso de Estiramiento y Movilización para Caballos

Así que la cuestion es ¿como podemos desarrollar este mismo tipo de relación con nuestros caballos; una relación donde nuestros caballos quieren seguirnos y realizar las tareas que les estamos pidiendo?

Creo que la respuesta es fácil: en primer lugar, debemos encontrar una manera de hacer que los caballos confíen en nosotros.

Esto es un problema para mucha gente porque parecen tener la idea de que hay que dominar a los caballos para que se comporten. Esto se deriva de que el “alfa” de la manada emplea la dominacia para conseguir sus objetivos y mucha gente cree que debemos imitar las acciones del alfa durante nuestro entrenamiento.

Sin embargo, si observas a los caballos dentro de la manada, te darías cuenta de que aunque claramente responden y parecen respetar al alfa, no suelen pasar mucho tiempo en su companía. De hecho, la mayoría de los caballos de una manada hará lo imposible por evitar el alfa.

Potrillos jugandoAsí que, sabiendo eso, una buena forma de iniciar el camino hacia convertirnos en un líder pasivo es evitar usar la fuerza. Si nuestro caballo no está realizando la tarea que le pedimos, ayudales en lugar de obligarles a ello. Dales tiempo para pensar en qué es lo que se les está pidiendo, y concédeles tiempo para intentar averiguarlo.

Normalmente con esta concesión de tiempo intentarán hacer lo correcto.

En segundo lugar, podemos simplemente ocuparnos de nuestros caballos. Lo que quiero decir con eso no es solamente asegurarnos de que sus bebederos están llenos, que tienen buena comida o que son vacunados a tiempo, … aunque tales cosas son importantes.

Pero lo más importante es hacer lo mejor para ellos en todas las situaciones. No permitas a alguien montarles que sepas o sientas pueda ser duro con ellos. De la misma forma, si alguien está trabajando con ellos y haciendo algo que te incomoda, interrúmpeles. En resumen, no tengas miedo de defender a tu caballo!

Estas dos cosas, aunque suenen muy fáciles, son a menudo las más difíciles para nosotros. No es parte de nuestra naturaleza ser tranquilos y consistentes.

Lo natural para nosotros es hacer las cosas ahora mismo. Pero los caballos no ven las cosas de esa manera. Supongo que la forma en que yo lo veo es que si el caballo está intentando tanto encajar en nuestra “manada”, lo mínimo que podemos hacer es intentar ayudarle.

Si le damos esa oportunidad, encajará perfectamente.

Este artículo aparece por cortesía de
Mark Rashid.

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Caballos en la naturalezaEn primer lugar, creo que es importante destacar que soy un gran creyente en el hecho de que lo más probable es que los caballos no nos consideren, y probablemente jamás lo hagan, como miembros de su manada. Yo creo que los caballos hacen todo lo que pueden por encajar en “nuestra” manada. Los caballos son muy perceptivos y se pueden adaptar fácilmente a sus alrededores de forma que puedan sobrevivir de un día a otro.

Yo lo veo de esta forma. Los caballos ven cientos, incluso miles de personas a lo largo de su vida. Claramente deben saber que están “en minor”. Un caballo que ha sido excedido en números por sus depredadores tiene dos opciones: morir… o encontrar una forma de entenderse con los depredadores para no tener que morir.

Asumo que el caballo como especia, ha elegido simplemente la segunda. Con tal fin en mente, yo creo que está constantemente buscando una forma de entender quienes somos y de qué vamos para poder llevarse bien en “nuestra manada”. Igual que nosotrs lo hacemos cuando vamos al extranjero.

Dicho esto, creo que es importante señalar que la mayorí­a de animales gregarios se comportan de manera similar (lo cual nos incluye a nosotros, los humanos). La manada comienza con el “alfa”, el que tiene todo el poder, y la dicha jerarquía están lo que yo llamo lí­deres pasivos. Son animales (sean personas, caballos búfalos, ciervos etc) que simplemente tratan de llevarse bien con todo el mundo. No están necesariamente interesados en llegar a la cima de la “escalera alfa” porque están contentos con su posición en la manada. Estos líderes pasivos son habitualmente muy tranquilos en sus actividades diarias, y en consecuencia comienzan a ganarse la confianza de los otros miembros de la manada.

Puesto que los caballos son pasivos y tranquilos por naturaleza, querrán por naturaleza pasar más tiempo con los individuos de la manada que les causan el menos estrés a lo largo del dí­a. La razón por la que los líderes pasivos causan la menos cantidad de estrés es que se puede confiar en ellos. Casi nunca, o jamás, emplean la fuerza para salirse con la suya, y parecen liderar a través del ejemplo. Donde quiera que van, el resto de la manada les sigue encantada.

Vuelva mañana para leer el resto del artí­culo de Mark Rashid o apuntate a nuestro RSS para recibir nuestras novedades en tu RSS Reader o buzon de correo.

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caballos_en_naturaleza.jpgPregunta: ¿En general, qué dos técnicas has utilizado con éxito en tales situaciones?

Respuesta: Emplea lo que tengas es la mejor manera de ponerlo. Emplea las herramientas que tengas a mano en ese momento y avanza a partir de ahí­. La mayorí­a de la gente esté tan centrada en la técnica que no emplean su imaginación para las situaciones.

Sobreemplear la técnica puede ser un problema porque no permite a la persona tomar una decisión por sí­ mísmo según lo que está occuriendo en cada momento. La gente tiene que aprender que está bien ser creativo para resolver o evitar problemas.

Por ejemplo, una vez tuve una yegua que necesitaba que la animasen un poco desde detrás para subir al remolque. Lo único a mano era una manguera de jardín. Estiramos la manguera unos quince pies por detrás del caballo y la sacudimos en el suelo. Ella recibió la presión que necesitaba y pronto pudimos dejar de usar la manguera. Así­, en vez de limitarnos a algo que no está funcionando, debemos tomar una perspectiva más amplia y pensar en lo que puede ayudarnos a ambos a obtener la respuesta deseada.

Pregunta: Tomemos un ejemplo concreto: digamos que hemos comprobado todos los factores medioambientales que podamos que pueden ser la causa de un comportamiento en concreto y al final llegamos a la conclusión de que el caballo ha dejado de intentarlo. Llévanos a través de un proceso general mediante el cual resolveriá esta situación.

Respuesta: Si un caballo que normalmente sube a un remolque de repente no quiere hacerlo, es probable que algo en la rutina ha cambiado. El caballo no para de hacer algo que hace normalmente porque sí­. Yo buscarí­a un cambio de rutina o de meio ambiente o cualquier otra cosa fuera de lo común. Un buen intento de obtener una perspectiva más amplia suele decirte de dónde viene el rechazo. Si de verdad estás seguro de que has mirado todos los factores externos (incluyendo posibles factores físicos tales como dolor o cojera etc) puede ser hora de ser creativo. El tipo o número de técnicas que pueden ocurri­rsete para ayudar a tu caballo está limitado solamente por el alcance de tu imaginación.

Pregunta: En ese caso, ¿qué tres cosas podrían ayudarnos a calibrar la situación?

Respuesta: La más importante es: mantén la atención de tu caballo. Antes de poder hacer nada es imprescindible tener esa atención. Una vez que la tienes, normalmente puedes mantenerla haciendo cosas mas sutiles. Sin embargo, muchas veces usamos una técnica pero no tenemos toda la atención del caballo o está desconcentrado y por eso tenemos que aumentar la presión para recuperar esa atención. Si para empezar nos hubiésemos preocupado de mantener su atención, no hubiéramos tenido que recurrir a aumentar la presión.

En segundo lugar, si tienes su atención pero todaví­a tienes algunos de los comportamientos, lo más probable es que el caballo no entendiera lo que se esperaba de él. Y eso no siempre quiere decir que no lo están intentando. Puede que tengas que aumentar la presión un poco, pero debería ser sólo un poco. Si aumentamos mucho la presión de buenas a primeras y vas más allá del punto donde el caballo hubiera podido responder, puede que el caballo se moleste. Una vez que el caballo está molesto, empiezan las peleas.

En tercer lugar, si has aumentado la presión demasiado e ido más allá del punto cómodo para el caballo, puedes recuperarte: simplemente retrocede o para, no hagas escalar la presión. Si estás en la silla y tienes un problema, por ejemplo, buscando un cambio de pata, y estás peleándote con el caballo, simplemente para y vuelve al paso. Si tienes que desmontar, házlo. Date a ti mismo y al caballo un poco de tiempo para pensar en ello y comienza de nuevo. Puede que incluso tengas que dejarlo por hoy. Emplea lo que necesites para corregirlo.

Yo siempre prefiero retroceder antes que hacer escalar la presiçon. Ha sido mi experiencia que, si haces lo último, tu caballo estará dispuesto a hacer escalar el comportamiento indeseado. Al retroceder un poco, es más fácil para los dos volver a la misma página o al menos al mismo libro y continuar a partir de ahí­.

Este artí­culo aparece por cortesía de Mark Rashid

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caballos corriendoA muchos de nosotros nos confunde el término “respeto”. Se nos ha dicho que una gran variedad de comportamientos por parte de nuestros caballos indican que estamos haciendo algo mal: que no tenemos el respeto de nuestros caballos.

Y nuestra respuesta a esta “falta de respeto”, se nos sugiere muy a menudo, puede abarcar desde hacer que el caballo mueva sus patas haciéndole retroceder deprisa o trazar un cí­rculo cerrado hasta cualquier otra maniobra de estas características.

Si entendemos que necesitamos ser de fiar y un apoyo en nuestras actividades rutinarias y en la forma en que trabajamos con nuestros caballos, entonces hablemos del siguiente paso. Mucha gente se siente confuso y entonces quizás se mete en problemas. Nos gustarí­a ofrecer un ángulo ligeramente distinto para tratar este tema, así como unas sugerencias acerca de qué hacer cuando aparecen ciertos comportamientos, sea en nosotros o en nuestros caballos.

He aquí­ algunas preguntas hechas a Mark Rashid sobre esto:

Pregunta: En primero lugar “sientes que es importante que nuestros caballos nos tengan respeto?”

Respuesta: Sí­, pero antes de tener su respeto debemos tener su confianza. El respeto es un camino de dos direcciones. No es posible obtenerlo si no lo das primero.

Pregunta: ¿En qué forma piensas que deberíamos obtener su respeto?

Respuesta: Intentando obtener primero la confianza del caballo y dejando de pensar que todo lo que el caballo hace es una falta de respeto. Si estás viendo algo, por ejemplo en le picadero redondo; el caballo pasa corriendo y te lanza una patada: ¿se trata de una falta de respeto? No necesariamente. A menudo lo que parece comportamiento irrespetuoso es en realidad confusión o comportamiento defensivo. Si están lanzándote patadas desde una distancia de 30 metros, ¿qué posibilidades hay de que te toque? Amplía tu perspectiva. Incluso si un caballo está atacando o retrocediendo hacia ti desde una distancia grande, creo que se trata casi siempre de confusión o algo defensivo basado en algo que hemos hecho o en el recuerdo de incidentes estresantes del pasado. Si no asumimos siempre que se trata de falta de respeto, asumiendo en su lugar confusión, nos dejamos a nosotros mismos otro camino para explorar.

Pregunta: ¿Hay alguna ocasión en la que se debe aumentar la “presión” sobre nuestros caballos?

Respuesta: Por supuesto que hay ocasiones así­. Pero de nuevo hay que tomar cada situación tal cual viene. Si nuestro caballo está ofreciendo comportamientos que no son aceptables, podemos empezar con respuestas mí­nimas que dejan saber al caballo que su comportamiento no es correcto. Así­ tenemos un lugar al que ir si lo necesitamos. Por ejemplo, la sucesión podría ser hacer un sonido y, si es necesario, dar un paso en la dirección del caballo, quizás el siguiente paso sería levantar ligeramente los brazos.

El error que veo a mucha gente cometer es comenzar más grande de lo que necesitan, de tal forma que ignoran las pequeñas señales que les da su caballo y acaban por no entender nada. Empieza con lo menos y ve aumentando la presión. Así­ que sí­, es verdad que hay ocasiones donde se necesita más presión, pero hay que tomar cada situación tal cual viene.

Pregunta: En ese caso, ¿qué tres cosas podrí­an ayudarnos a calibrar la situación?

Respuesta: La más importante es…

Vuelva mañana para leer el resto de la entrevista con Mark Rashid o apuntate a nuestro RSS para recibir nuestras novedades en tu RSS Reader o buzon de correo.

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Mirada de caballo

Cuatro buenos consejos

Preparando su caballo a ‘cambiar de ojo en ojo’

Los consejos siguientes sirven para ayudarle a preparar su caballo a cambiar comodamente de ojo en ojo en cuanto a los objetos que están enfrente y detrás de él. Mientras Ud. y su caballo practican y mejoran estos ejercicios, se reducirá la posibilidad de dañarse.

Su caballo se sentirá tan seguro mirando de su lado derecho como de su lado izquierdo.

  1. Antes de amarrar, ensillar o montar el caballo por primera vez, está seguro de poder dirigirlo y conducirlo, de los dos lados, con la cuerda floja. Querrá que se cambie cómodamente entre ser dirigido o conducido–andando de la derecha a la izquierda y vice versa. Asegure que pase suavamente con la parte delantera dando la parte trasera, en las dos direcciones (vea las fotos).
  2. Si Ud. tiene a su disposición un corral redondo, condózcalo a un paso libre o medio hasta que se sienta cómodo. ‘írelo’ hacia el centro del corral (pisando Ud. para atrás) para poder mandarlo en el otro rumbo, siempre al mismo paso. Eventualmente, condózcalo en una figura ocho sin que se ponga nervioso o rígido en las curvas y hasta que pueda ver a Ud. del otro ojo, el ojo ‘nuevo’ (vea las fotos).
  3. Trabaje con su caballo hasta que pueda partir calmamente en las dos direcciones. Llévelo del paso libre al trote, y después al galope por una hasta cuatro pisadas, y entonces deje que regrese al trote seguido por un paso ordinario por dos o tres pisadas antes de tirarlo lejos de la verja y pedirle que se enfrente con Ud. Siga con estos ejercicios hasta que pueda viajar tranquilamente a cada paso.
  4. Desensibilice su caballo con la punta de la cuerda del ronzal o con las adujadas de la cuerda. Ayúdelo a sentirse cómodo tocándolo en cualquier de los dos lados, tocandolo de un lado al otro a través del cuello, de la espalda o del cuerpo trasero–en todas partes de su cuerpo. Ayúdelo a aprender a darse cuando Ud. se lo pide . . . a darse el cuello, la cabeza, los hombros, las costillas, el cuerpo trasero y las cuatro piernas separadamente antes de amarrar, ensillar o montarlo. Acuerdese. . . modifi­que su modo de ser para acomodar cada caballo y situación. No le sirve apurarse o forzar este proceso. Si Ud. se siente en peligro, no sea tímido en pedirle ayuda a alguien calificado. Su cuerpo es algo precioso que a veces no se puede sanar y que nunca se puede reemplazar.

Este artí­culo aparece por cortesí­a de Leslie Desmond

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Ojo de CaballoSus movimientos, su mente

Cuando un caballo no estña seguro de lo que ve, es posible que se mueva hacia un lado rápidamente para que pueda ver mejor. Si no se siente seguro de poder escaparse de un enemigo, es posible que opte por darle una paliza, o que bufe un aviso antes de fugarse y luego enfrentarse con lo que lo haya asustado.

Minutos después, tendrá que alejarse por una o dos millas antes de sentirse suficientemente seguro para pararse y husmear el viento. ¡Depende! Ud. no puede saber cómo serán sus movimientos. Tenga en mente también que la conducta caracterí­stica de un caballo–su instinto, su natura–no va a ser alterada ni una pizca por el hecho de que Ud. está encima de él con una agenda, una fusta y dos espuelas.

Aprenda a anticipar sus problemas. Está disponible (listo) para ayudarlo. Eventualmente, Ud. estará mejor preparado a trabajar con su caballo en vez de en contra. Para comprender mejor cómo funcionan los ojos de su caballo, póngase en sus zapatos.

Póngase de rodillas y empiece a gatear una buena distancia. Imagí­nese que los ojos están ubicados entre las mejillas y las orejas. Siga “mirando” todo con sus ojos nuevos. Yo lo he hecho muchas veces, y mis estudiantes también han mejorado sus destrezas practicando de este modo (me llegó la idea viendo a Ray Hunt mismo que andaba a gatas para demostrar el punto de vista del caballo).

Pronto, descubrirá que cada ojo ve dos vistas totalmente distintas y separadas del corral, del camino, del campo abierto y del tráfico. Ahora empezará a comprender lo que su caballo está tratando de decirle cuando se espanta hacia un lado como un gato o cuando se gire de repente para ver mejor lo que le da miedo.

A pesar de su inabilidad innata para comprender el punto de vista humano, se espera muchas veces que el caballo exista con calma y seguridad y aun agradecido en el mundo humano. En la mayoria de los casos, no ha tenido ni la preparación ni el contexto para comprender a hacer esto. Los accidentes menores y mayores resultan frecuentamente de lo que muchos llamarían ejercicios rutinarios que cualquier caballo deberí­a de poder manejar. (¿Quién ha consultado con el caballo?)

En el trailer, el poste de amarre, y en las amarras cruzadas, los caballos están amarrados con la expectativa que se queden tranquilamente. En cuanto al caballo, no deben de existir los ’se debe.’ Pensar así­ no es pensar como un caballo. A menos que sea medio caballo (y esto es raro), no sabrá qué reacción tendrá el caballo en tal situación hasta el momento en que reaccione. Y aun así­ no comprenderá lo que le ha pasado desde el punto de vista del caballo.

Hay malos entendidos semejantes que existen en todas partes sobre “el caballo que ha sido entrenado profesionalmente.” Mucha gente supone que si ha sido entrenado, se le puede meter la silla y montarlo. Habrá sido entrenado, pero ¿cómo? y ¿por cuánto tiempo? y ¿para qué? y ¿con qué preparación?

Antes de amarrar o montar un caballo, debo estar segura de estos puntos principales.

  • Lo más importante es, ¿Puede el caballo cambiar de ojo en ojo cómodamente?
  • También es importante, ¿Se siente cómodo con la cuerda floja en el ronzal (almartigón, cabestro, cavesada)? ¿Puede ser dirigido y conducido con la cuerda floja?
  • ¿Puede mover la parte delantera del cuerpo sin mover la parte trasera, y vice versa (separar el delantero del trasero)?
  • ¿Alcanza las curvas igualmente con las piernas delanteras que con las traseras?

Este artí­culo aparece por cortesí­a de Leslie Desmond

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Aunque Mark le da gran parte del mérito al “viejo” de sus libros por enseñarle el buen camino con los caballos desde una edad muy temprana, continúa dedicado a encontrar formas tranquilas y efectivas de comunicarse con los caballos en el día a dí­a.
Una de las formas en que hace esto es a través de una idea de entrenamiento que e´l llama “liderazgo pasivo”.

Le pidieron a Mark que definiese este concepto, y cómo afecta a los caballos durante el entrenamiento:

Bueno, en pocas palabras se trata de lo siguiente.
Hay dos tipos de lí­der en situaciones de manada. El “Alfa”, o caballo dominante que gobierna de forma autoritaria, y los lí­deres pasivos que gobiernan mediante el ejemplo. Los lí­deres pasivos son elegidos normalmente por los otros miembros de la m,anada y se les sigue voluntariamente, mientras que los alfas emplean la fuerza para declarar su puesto en la manada.

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Los lí­deres pasivos son normalmente caballos más mayores que están en algún lugar en el medio de la jerarquí­a de la manada. Son tranquilos y consistentes en su comportamiento diario y no parecen tener gran ambición de ascender en la escala “alfa”. En consecuencia parecen no tener ninguna razón para emplear la fuerza en una continua declaración de su posición en la manada.
Los alfas, por el contrario, no suelen ser en absoluto tranquilos y consistentes en comportamiento.

Suelen ser muy insistentes, a menudo llegando al extremo de emplear ataque no provocados de subordinados solamente para declarar su dominancia. Como resultado de este comportamiento, la mayorí­a de los caballos de la manada evitan todo contacto con el alfa a lo largo del día.

La razón de este rechazo es que los caballos están diseñados para emplear la menos cantidad de energí­a física posible durante sus actividades diarias normales. Un buen ejemplo es un caballo que se asusta. Un caballo puede sobresaltarse ante algo que no es familiar, pero no siempre saldrá corriendo. Solamente saldrá corriendo si es absolutamente necesario.

De esta forma ahorra energí­a por si realmente la necesita. Se trata de una “válvula de seguridad” que ha ayudado al caballo a sobrevivir durante cincuenta millones de años. Al no emplear energí­a de forma innecesaria, pueden usar la energí­a acumulada en caso de verdadera necesidad.

Siguiendo a un lí­der pasivo que emplea la menos cantidad de energí­a durante el día, (y que no está obligando constantamente a los otros caballos a emplear la suya), los caballos no solamente pueden quedarse tranquilos y contentos, sino que también aseguran su propia supervivencia.

Los lí­deres pasivos han “ganado” este tí­tulo entre los otros caballos demostrándoles que son de fiar en su comportamiento pasivo de un dí­a a otro. En otras palabras, ostentan el liderazgo mediante el ejemplo, no mediante la fuerza.

Este es el tipo de comportamiento que intento con todas mis fuerzas usar como base de mi entrenamiento. Liderando mediante el ejemplo, no mediante la fuerza, y siendo todo lo consistene que puedo de un dí­a a otro.

Supongo que, en el fondo, se trata más de una actitud que de una técnica. Se trata de darle al caballo el beneficio de la duda, creyendo que intentarán hacer las cosas bien para ti, y no riñendoles continuamente por las cosas que han hecho mal.

Este artí­culo aparece por cortesí­a de Mark Rashid

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La joven se me acercó después de uno de mis cursos y me pidió consejo acerca de cómo solucionar los problemas de sus caballo. Explicó que habia comprado aquel caballo, una yegua mezcla de Arabe con cuarto de milla, dos años antesdoma caballo, y que en aquel temporada entonces la yegua estaba bien.

Ahora sin embargo el animal habia desarrollado el hábito de recular tan pronto como ella se hayaba en la silla. Así mismo, la yegua intentaba salir corriendo con ella encima en cuanto la hacia avanzar algo más deprisa que al paso.

Dijo que habia hablado con un entrenador que le proporcionó técnicas para impedir el recular pero que hasta el momento no habían funcionado. En cuanto a la manía del caballo de salir corriendo, ella habí­a creí­do que un filete blando serí­a la respuesta. Pero aquello habí­a empeorado las cosas. Ahora estaba tan frustrada que estaba empezando a considerar vender el caballo.

Se trataba para mí­ de una conversación familiar: la he tenido antes con otras personas. Y cada vez he dado la misma respuesta: “Probablemente la causa del problema es algo que usted mismo está haciendo”.

En términos generales esta respuesta mía no es acogida con gran entusiasmo. Nadie quiere escuchar que ellos mismos son la causa del problema de sus caballos. Preferirí­an oír que hay algún tipo de defecto en la capacidad de aprendizaje del caballo, no que hay un defecto en la capacidad de enseñanza de la persona.
Pero decir que la persona no está entrenando bien tampoco es exacto. Se trata más bien de un problema de comunicación entre la persona y su caballo. La persona suele tener una idea clara de lo que quiere que haga el caballo, y de lo que se necesita para hacer que el caballo responda.

Por ejemplo, pongamos que el caballo está andando. A los ojos de un ser humano se trata de una tarea simple. Pero para el caballo, especialmente para un caballo joven o “verde”, o un caballo con una boca blanda, podría significar algo distinto. Para el caballo, que quizás no entiende lo que le pide la persona, esto podría ser interpretado como que la persona intenta confinarle. Se pone nervioso y se apoya contra la presión en el filete, o comienza a cabecear, o quizás reculaea o se desboca.

Pronto, la persona le pone un filete más severo para evitar que se apoye contra la presión o se desboque. Para evitar que cabeceee o reculee, le pone una martingala fija. El caballo responde haciendose más difí­cil de manejar. La persona se frustra y a la larga vende el caballo. A partir de entonces lo más probable es que ese caballo sea considerado problemático y tratado como tal.

La mayoria de la gente trata a los caballos problemáticos con mano dura, algunas veces hasta el punto de maltratarlos. Y eso sólo sirve para agravar el problema. El caballo piensa entonces que necesita defenderse siempre. Asi acabas con un caballo que no solamente no se detiene, sino que además ahora pega patadas, muerde, golpea y se encabrita. Entonces el caballo es considerado malo y peligroso y acaba en el matador.
Esta situación puede sonar improbalbe, pero se repita cada dia. Los camiones que van al matadero están llenos de caballos problemáticos.

Es una tragedia, a mi parecer, que este efecto “bola de nieve” tenga que ocurrir, cuando con un poco de paciencia y comprensión, se podría evitar el asunto entero desde el principio.

Al contrario de lo que piensa mucha gente, los caballos no actúan de una forma mezquina o ignorante solamtne para hacer rabiar a la persona. NO es así como piensan los caballos. Lo que ocurre es que no entienden lo que les estás pidiendo y reaccionan de la única manera que conocen. Después de todo, son caballos y deben ser trabajados como tales. Si tu caballo no hace lo que quieres, probablemente es porque no entiende lo que le estás pidiendo.

Tómate tu tiempo. Piensa en lo que estás haciendo. Piensa en lo que tu caballo está intentando decirte. Retrocede y prueba de nuevo. Toma un camino distinto. Haz cualquier coa excepto perder los estribos. Sé paciente. Encontrarás una forma de alcanzar tu objetivo si presentas la tarea de una forma distinta. Después de todo, prevenir problemas es mucho más fácil que solucionarlos.

A lo largo de los años, he trabajado con cientos de caballos problemáticos y jamás he sido capaz de solucionar sus problemas. Sin embargo, he podido cambiar la actitud de los caballos, lo cual soluciona los problemas.
Es éste un concepto que puede resultar difí­cil de comprender para ciertas personas, de modo que déjenme que les explique lo que quiero decir.

Hace poco tomamos un semental de cinco años que había sido libre toda su vida. Después de caparlo, se le soltó en un pasto de 80 acres hasta que tuviésemos tiempo para trabajar con él. Unas semanas después, comenzamos su entrenamiento. Le pusimos en un picadero redondo y podí­amos saber solamente con mirarle que estaba aterrorizado, no solamente de nosotros, sino también de estar encerrado. Su resuesta a la situación era el miedo.
Le dejamos solo en el picadero durante aproximadamente 40 minutos. No fue hasta entonces cuando comenzó a sentirse cómodo con sus alrededores.

Una vez que estaba cómodo, entró en el picadero. Se puso a correr frenáticamente en cí­rculos. A sus ojos, lo más probable es que yo fuese un depredador y que quisiera herirle. Obviamente, en aquel punto era imposible para mí­ acercarme. Tenía que comunicarme con él para hacerle entender que no iba a hacerle daño.

Al adquirir una postura no agresiva y responder a su lenguaje corporal de una forma que él pudiese entender, en poco tiempo comenzó a calmarse. Tras unos 35 minutos, me dejó acercarme y tocarle. Lo único que tuve que hacer para provocar esta respuesta fue cambiar su actitud hacia mí­. Había pasado de un ser prededor a ser alguien en quien él podía confiar.

Obviamente no todos los caballos responden así­ de rápido. Algunos caballos tardan semanas o incluso meses a responder. Todo depende de la duración y dureza del refuerzo negativo al cual han sido expuestos. Incluso entonces, si no se les trata correctamente, el problema podrí­a resurgir en cualquier momento.

Una vez me preguntaron qué era lo más duro del trabajo con caballos problemáticos. Respondí­: “No se trata de los caballos o de sus problemas: se trata de las personas.” Hemos aprendido que el caballo es un animal misericordioso, inteligente, y maravillosamente curioso. Al comunicarnos con él a este nivel, hemos sido capaces de conseguir la respuesta deseada casi al cien por cien.

Trabajar con el dueño del caballo, por el contrario, puede ser a veces mucho más frustrante.

Es muy dificil para algunas personas superar su necesidad innata de culpar al caballo por no hacer algo correctamente. Un buen ejemplo es una mujer joven que hace poco me pidió ayuda. Su caballo, decí­a, no comenzaba el galope con la pata correcta. Añadió que sabía montar, y sabí­a que le estaba dando señales inequivocas.

Le pedí que le montase y así­ a lo mejor podí­amos ver cual era el problema. Su forma de señalar al caballo con qué pata iniciar el galope consistiá en encarle el talón un total de siete veces. Entre el segundo y tercer golpe, el caballo comenzó a responder. La mujer, sintiendo el aumento de velocidad, se tensó ligeramente y tiró inconscientemente de las riendas.

Entre el quinto y el sexto golpe de talón el caballo, sintiendo presión en su boca, frenó hasta un trote. El séptimo golpe fue claramente más fuerte y parecía motivado solamente por la frustración. El caballo respondió sacudiendo la cabeza. La mujer se volvia con una mueca y dijo: “¿Ves?”.

A sus ojos, no habí­a hecho nada equivocado. Pero el caballo, al recibir señales contradictorias, simplemente no entendía lo que ella quería. Se sintió confuso y reaccionó de la única forma que conocí­a. Y después para mostrarle que no entendí­a, sacudió la cabeza lleno de frustración. Pero lo único que veía ella era un caballo que no querí­a cooperar.

Cambiar la actitud de un caballo problemático puede resultar a veces fácil en comparación con cambiar las actitudes de algunas personas. Lo que favorece a los caballos es que, a diferencia de algunas personas, no tienen grandes egos. Normalmente hacen lo correcto. Pero a veces no les guiamos de forma que puedan hacerlo.

Si tienes un caballo problemático y necesitas cabmiar su actitud, quizás quieras pensar en la situación sin decir “mi caballo tiene un problema”. En vez de eso, pregúntate a ti mismo: “¿Como puedo explicar lo que quiero de una forma que él pueda entender?”

Una vez te hayas puesto en ese estado mental, y lo trabajas diariamente, ayudarás a solucionar el problema del caballo, y quizás obtengas una nueva compresnión y respeto por él. Quizás incluso notas que tu caballo se vuelve más obediente, atento y cooperativo en todo lo que le pides. Habrás abierto así las puertas de la comunicación y comenzarás a eliminar el problema de solucionar problemas.

Este artí­culo aparece por cortesí­a de Mark Rashid

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Mark Rashid

Mark Rashid es un entrenador Americano de caballos y ofrece cursillos por todo el mundo. Su filosofia se basa en entender la punta de vista del caballo y resolver los problemas por medios de comunicación en vez de usar la fuerza.

Ha escrito varios libros sobre sus experiencias con caballos y los problemas que ha encontrado a lo largo de los muchos años que lleva entrenando. En ellos podrás apreciar su manera sencilla y paciente que tiene a la hora de tratar con caballos pero tambien con sus dueños.

En uno de sus libros dice que no hay ninguna tecnica que siempre funciona, no da ninguna “receta” a seguir, sino leyendo vas aprendiendo a tomar los pasos uno por uno, encontrando las soluciones por ti mismo.

Si en algún momento tienes la oportunidad de verle trabajar con caballos, recomendamos que lo hagas, ya que su paciencia y sencillez en la manera de trabajar es admirable.
Otro aspecto del trabajo de Mark Rashid es que practica el arte de Yoshinkan aikido y aplica estas practicas al arte de montar.

Sus libros:
Big Horses,
Good Dogs, & Straight Fences,
Horsemanship Through Life,
Life Lessons from a Ranch Horse,
Horses Never Lie,
A Good Horse is Never a Bad Color,
Considering the Horse.

Para más información, visita su pagina web.

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Ojo de CaballoSi Ud. asiste a clí­nicas de entrenamiento de potros o de “horsemanship” (entrenamiento para los jinetes), es probable que oiga hablar de la importancia de que un caballo pueda ‘cambiar ojos’ (antes de echarle una pierna sobre el lomo por primera vez).

En sus clí­nicas, Buck Brannaman nos dice con toda seriedad que debemos comprender por qué y cómo un caballo cambia de ojos, porque esto nos puede salvar la vida. En estas clí­nicas, se observan potrillos y caballos mayores inquietos que se huyen por temor. Demuestran una y otra vez que es importantísimo comprender esta función esencial del instinto del caballo para sobrevivir.

Si Ud. tiene la oportunidad de observar con frecuencia los potros y potrancos de un año (no tanto los que son criados en un establo o una casilla), verá como su modo de ver (en combinación con los instintos básicos para sobrevivir) les ayuda a desarrollar fuerza y agilidad en los primeros días y semanas de vida. No está sorprendido si ve sentadas enalgadas perfectas, pasos laterales, sentadas y volapiás, “passage,” y caprioles. Estos son los movimientos naturales y perfectos del caballo y reflejan la manera en que su mente elabora el modo en que sus ojos ven el mundo.

En mi propia experiencia y en la de otros, he visto que hasta que uno sufra daño en un accidente, esta noción de cambiar ojos puede ser rechazada facilmente como trivialidades curiosas sobre los caballos. No le vamos a echar la culpa al principiante cuando haya tal vez cien otros detalles en que pensar, mezclados con las voces de instructores anteriores circulando en nuestro cerebro. Es pesado mantener un punto de vista ajeno en la vanguardia de la mente. Sin embargo y a pesar de todo, he llegado a comprender que el punto de vista del caballo es lo más importante que uno pueda incorporar en su programa de aprendizaje, sea un programa modesto o avanzado.
Este asunto de cambiar ojos no puede (y no debe) ser reducido a un formato sencillo de “cómo hacer,” pero hay algunas cosas que Ud. puede buscar en su caballo mientras que trabaja con él… cosas que le ayudarán a comprender mejor y reconocer esto: el modo de ser del caballo.

Espero que esta introducción le inspire al lector a buscar aun más información en forma independente.

Reconozca lo que su caballo no ve
Los puntos ciegos naturales de un caballo se llaman así­ porque no son parte del registro natural de visión (binocular, bilateral). Son las áreas directamente enfrente y detrás del caballo. El caballo debe cambiar la posición del cuello, de la cabeza, del cuerpo delantero o del cuerpo trasero para poder ver lo que le está pasándo desde la derecha hacia la izquierda o vice versa en estas áreas–esto es lo que queremos decir cuando hablamos del ‘cambio de ojos.’

Para el caballo, el nivel de sentirse seguro tiene que ver directamente con la seguridad del humano. La velocidad con la cual se mueve para determinar que no se le esconda un asesino es impresionante, ¡especialmente si lo que no ve es la pierna derecha del jinete echada por primera vez su lomo! !Esto lo puede espantar muchísimo!
Recuerde que el caballo no necesita permiso para proteger sus puntos ciegos, y ¡creer eso serí­a equivocarse mucho!

Para responder a un movimiento desconocido o alarmante, el caballo moverá cualquier parte de su cuerpo tan rápido como sea necesario–como el instinto para sobrevivir le dicte. Es tan automático como pestañear. Considere esto: castigar un caballo dándole una sacudida en la boca, un espoleo o azoteo cuando se espanta no sirve de ningun propósito para el caballo. Si Ud. ha aprendido a hacer esto, puede olvidarlo también. Esforzarlo a confrontar su temor (antes de haberlo preparado a quedarse) asegurará que la próxima vez, el caballo está peor. Y de más está decir que mientras tanto, perderá respeto por el humano. En tal situación, el costo de ignorancia humana es alta, y el costo de ser testarudo es a veces fatal.

Para la seguridad del humano y del caballo, prepare su caballo de modo que este pueda moverse con seguridad en el mundo humano. Tome tiempo y proceda despacio para que el caballo también tome su tiempo. Recuerde que el caballo tiene una curiosidad fuerte natural en cuanto a su ambiente; Esta la puede usar como base fundamental para preparar al mismo a hacer casi cualquier cosa que Ud. quiera que haga.

Reconozca como su caballo ve
Es importante tener en cuenta que la orientación de un animal cuyos ojos están situados enfrente de la cara es muy diferente de uno que mira el mundo de cada lado de la cabeza. . . como el caballo, la vaca, la cabra, el ciervo y otros animales de presa. Animales como los perros, los gatos, y los humanos tienen la capacidad de hacer girar los globos del ojo hacia arriba y abajo, a la derecha o a la izquierda.

Aunque veamos un caballo arollar los globos de los ojos hacia atrás cuando bosteze o cuando le entren insectos o agua, generalmente las pupilas alargadas están centradas en una posición estacionaria como una vista ancha, binocular y periférica. Esta capacidad le permite pastar sin mover la cabeza a la derecha o a la izquierda y a la vez percibir (en un área que comprende 270 grados a la redonda) el movimiento más ligero. Inclinando el puente de su nariz pocos grados en cualquiera dirección, el caballo puede determinar con una sola mirada si un movimiento tiene origen en un amigo o enemigo, y puede responder como le sea conveniente.

Este artí­culo aparece por cortesía de Leslie Desmond

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