La joven se me acercó después de uno de mis cursos y me pidió consejo acerca de cómo solucionar los problemas de sus caballo. Explicó que habia comprado aquel caballo, una yegua mezcla de Arabe con cuarto de milla, dos años antes
, y que en aquel temporada entonces la yegua estaba bien.
Ahora sin embargo el animal habia desarrollado el hábito de recular tan pronto como ella se hayaba en la silla. Así mismo, la yegua intentaba salir corriendo con ella encima en cuanto la hacia avanzar algo más deprisa que al paso.
Dijo que habia hablado con un entrenador que le proporcionó técnicas para impedir el recular pero que hasta el momento no habían funcionado. En cuanto a la manía del caballo de salir corriendo, ella había creído que un filete blando sería la respuesta. Pero aquello había empeorado las cosas. Ahora estaba tan frustrada que estaba empezando a considerar vender el caballo.
Se trataba para mí de una conversación familiar: la he tenido antes con otras personas. Y cada vez he dado la misma respuesta: “Probablemente la causa del problema es algo que usted mismo está haciendo”.
En términos generales esta respuesta mía no es acogida con gran entusiasmo. Nadie quiere escuchar que ellos mismos son la causa del problema de sus caballos. Preferirían oír que hay algún tipo de defecto en la capacidad de aprendizaje del caballo, no que hay un defecto en la capacidad de enseñanza de la persona.
Pero decir que la persona no está entrenando bien tampoco es exacto. Se trata más bien de un problema de comunicación entre la persona y su caballo. La persona suele tener una idea clara de lo que quiere que haga el caballo, y de lo que se necesita para hacer que el caballo responda.
Por ejemplo, pongamos que el caballo está andando. A los ojos de un ser humano se trata de una tarea simple. Pero para el caballo, especialmente para un caballo joven o “verde”, o un caballo con una boca blanda, podría significar algo distinto. Para el caballo, que quizás no entiende lo que le pide la persona, esto podría ser interpretado como que la persona intenta confinarle. Se pone nervioso y se apoya contra la presión en el filete, o comienza a cabecear, o quizás reculaea o se desboca.
Pronto, la persona le pone un filete más severo para evitar que se apoye contra la presión o se desboque. Para evitar que cabeceee o reculee, le pone una martingala fija. El caballo responde haciendose más difícil de manejar. La persona se frustra y a la larga vende el caballo. A partir de entonces lo más probable es que ese caballo sea considerado problemático y tratado como tal.
La mayoria de la gente trata a los caballos problemáticos con mano dura, algunas veces hasta el punto de maltratarlos. Y eso sólo sirve para agravar el problema. El caballo piensa entonces que necesita defenderse siempre. Asi acabas con un caballo que no solamente no se detiene, sino que además ahora pega patadas, muerde, golpea y se encabrita. Entonces el caballo es considerado malo y peligroso y acaba en el matador.
Esta situación puede sonar improbalbe, pero se repita cada dia. Los camiones que van al matadero están llenos de caballos problemáticos.
Es una tragedia, a mi parecer, que este efecto “bola de nieve” tenga que ocurrir, cuando con un poco de paciencia y comprensión, se podría evitar el asunto entero desde el principio.
Al contrario de lo que piensa mucha gente, los caballos no actúan de una forma mezquina o ignorante solamtne para hacer rabiar a la persona. NO es así como piensan los caballos. Lo que ocurre es que no entienden lo que les estás pidiendo y reaccionan de la única manera que conocen. Después de todo, son caballos y deben ser trabajados como tales. Si tu caballo no hace lo que quieres, probablemente es porque no entiende lo que le estás pidiendo.
Tómate tu tiempo. Piensa en lo que estás haciendo. Piensa en lo que tu caballo está intentando decirte. Retrocede y prueba de nuevo. Toma un camino distinto. Haz cualquier coa excepto perder los estribos. Sé paciente. Encontrarás una forma de alcanzar tu objetivo si presentas la tarea de una forma distinta. Después de todo, prevenir problemas es mucho más fácil que solucionarlos.
A lo largo de los años, he trabajado con cientos de caballos problemáticos y jamás he sido capaz de solucionar sus problemas. Sin embargo, he podido cambiar la actitud de los caballos, lo cual soluciona los problemas.
Es éste un concepto que puede resultar difícil de comprender para ciertas personas, de modo que déjenme que les explique lo que quiero decir.
Hace poco tomamos un semental de cinco años que había sido libre toda su vida. Después de caparlo, se le soltó en un pasto de 80 acres hasta que tuviésemos tiempo para trabajar con él. Unas semanas después, comenzamos su entrenamiento. Le pusimos en un picadero redondo y podíamos saber solamente con mirarle que estaba aterrorizado, no solamente de nosotros, sino también de estar encerrado. Su resuesta a la situación era el miedo.
Le dejamos solo en el picadero durante aproximadamente 40 minutos. No fue hasta entonces cuando comenzó a sentirse cómodo con sus alrededores.
Una vez que estaba cómodo, entró en el picadero. Se puso a correr frenáticamente en círculos. A sus ojos, lo más probable es que yo fuese un depredador y que quisiera herirle. Obviamente, en aquel punto era imposible para mí acercarme. Tenía que comunicarme con él para hacerle entender que no iba a hacerle daño.
Al adquirir una postura no agresiva y responder a su lenguaje corporal de una forma que él pudiese entender, en poco tiempo comenzó a calmarse. Tras unos 35 minutos, me dejó acercarme y tocarle. Lo único que tuve que hacer para provocar esta respuesta fue cambiar su actitud hacia mí. Había pasado de un ser prededor a ser alguien en quien él podía confiar.
Obviamente no todos los caballos responden así de rápido. Algunos caballos tardan semanas o incluso meses a responder. Todo depende de la duración y dureza del refuerzo negativo al cual han sido expuestos. Incluso entonces, si no se les trata correctamente, el problema podría resurgir en cualquier momento.
Una vez me preguntaron qué era lo más duro del trabajo con caballos problemáticos. Respondí: “No se trata de los caballos o de sus problemas: se trata de las personas.” Hemos aprendido que el caballo es un animal misericordioso, inteligente, y maravillosamente curioso. Al comunicarnos con él a este nivel, hemos sido capaces de conseguir la respuesta deseada casi al cien por cien.
Trabajar con el dueño del caballo, por el contrario, puede ser a veces mucho más frustrante.
Es muy dificil para algunas personas superar su necesidad innata de culpar al caballo por no hacer algo correctamente. Un buen ejemplo es una mujer joven que hace poco me pidió ayuda. Su caballo, decía, no comenzaba el galope con la pata correcta. Añadió que sabía montar, y sabía que le estaba dando señales inequivocas.
Le pedí que le montase y así a lo mejor podíamos ver cual era el problema. Su forma de señalar al caballo con qué pata iniciar el galope consistiá en encarle el talón un total de siete veces. Entre el segundo y tercer golpe, el caballo comenzó a responder. La mujer, sintiendo el aumento de velocidad, se tensó ligeramente y tiró inconscientemente de las riendas.
Entre el quinto y el sexto golpe de talón el caballo, sintiendo presión en su boca, frenó hasta un trote. El séptimo golpe fue claramente más fuerte y parecía motivado solamente por la frustración. El caballo respondió sacudiendo la cabeza. La mujer se volvia con una mueca y dijo: “¿Ves?”.
A sus ojos, no había hecho nada equivocado. Pero el caballo, al recibir señales contradictorias, simplemente no entendía lo que ella quería. Se sintió confuso y reaccionó de la única forma que conocía. Y después para mostrarle que no entendía, sacudió la cabeza lleno de frustración. Pero lo único que veía ella era un caballo que no quería cooperar.
Cambiar la actitud de un caballo problemático puede resultar a veces fácil en comparación con cambiar las actitudes de algunas personas. Lo que favorece a los caballos es que, a diferencia de algunas personas, no tienen grandes egos. Normalmente hacen lo correcto. Pero a veces no les guiamos de forma que puedan hacerlo.
Si tienes un caballo problemático y necesitas cabmiar su actitud, quizás quieras pensar en la situación sin decir “mi caballo tiene un problema”. En vez de eso, pregúntate a ti mismo: “¿Como puedo explicar lo que quiero de una forma que él pueda entender?”
Una vez te hayas puesto en ese estado mental, y lo trabajas diariamente, ayudarás a solucionar el problema del caballo, y quizás obtengas una nueva compresnión y respeto por él. Quizás incluso notas que tu caballo se vuelve más obediente, atento y cooperativo en todo lo que le pides. Habrás abierto así las puertas de la comunicación y comenzarás a eliminar el problema de solucionar problemas.
Este artículo aparece por cortesía de Mark Rashid